En una industria de 50 a 500 personas siempre existe el mismo recorrido: administración imprime la orden, el taller la rellena a lápiz, el papel duerme en un cajón, y días después alguien lo teclea en el ERP. Ese recorrido se paga dos veces — al producir el dato, y al no poder mirarlo nunca. Lo cortamos, un proceso cada vez.
La orden de fabricación que vuelve a lápiz
El operario apunta cantidades, tiempos y número de lote en el papel que acompaña a la pieza, y al final del turno el montón sube a oficina. Cada cifra se produce dos veces y no se mira ninguna. Capturamos el dato donde nace — en el puesto, en la máquina — y llega al ERP sin intermediario.
Tu programa de gestión o de planta es propietario y no expone nada: cada cifra que sale de él, sale a mano, en un Excel que alguien mantiene los viernes. Sacamos esos datos aunque el fabricante no lo haya previsto, y los convertimos en la base del resto de tus automatizaciones — sin cambiar de ERP.
Calidad y mantenimiento: del papel a la trazabilidad
Registros de calidad, no conformidades, partes de mantenimiento preventivo: hoy plantillas impresas que hay que buscar en una carpeta el día de la auditoría. Mañana capturados una sola vez, con foto y firma, y encontrables en segundos — trazabilidad de lote incluida.
Un asistente conectado a la documentación de tu empresa — procedimientos, fichas de seguridad, instrucciones de máquina, plan de prevención — que responde a las preguntas del taller sin obligar a nadie a buscar en carpetas ni a interrumpir al responsable de calidad.